Ciertos proyectos solo son posibles cuando varias personas unen sus fuerzas en un fin común. Tal fue el caso de esta enorme propiedad abandonada en la calle Plaza, que impulsó a un grupo de conocidos a juntarse para comprarla entera y reciclarla por completo. “Eran siete unidades que pertenecían a una misma familia, en muy mal estado pero con buena estructura”, nos cuenta la arquitecta Julia D’Alotto, dueña de casa y de Atelier Brux. “Hubo que hacerlas todas a nuevo”.
La obra general fue un trabajo conjunto de Estudio BLAA y Pacífico Oficina, uno de cuyos socios es el arquitecto Martín Ordóñez, marido de Julia. Ellos se quedaron con las unidades 1 y 2, para unificarlas y construir ahí su hogar. “Nos llevamos muy bien trabajando en pareja. Fue un proceso arduo: estábamos en pandemia, recién habíamos tenido a Fausto, nos queríamos mudar, la obra se frenó… Pero salió muy bien, y hacer todo a medida para nosotros fue espectacular”, recuerda ella.
“Después de la obra, cada propietario eligió las terminaciones. Con mi estudio, Atelier Brux, hicimos el interiorismo de nuestra casa (cocina, revestimientos, muebles y demás) muy meticulosamente”, dice Julia D’Alotto.
Al estar en planta baja, temían que los ambientes quedaran oscuros. Por eso sumaron amplias ventanas y paños fijos que dejan pasar la luz, e intentaron que la mayor cantidad posible de superficies fueran blancas. “El contraste se genera con los acentos que dan los muebles. El interiorismo es ecléctico y colorido, para resaltar entre tanto off-white”, nos explica Julia.
Uno de los espacios que más se modificó fue la cocina, originalmente chiquita y encerrada, que se integró al living comedor. “Preferimos materiales aguantadores, como la cuarcita que resiste manchas y el calor de las ollas; o el tapizado del sillón, que hicimos con un género antimanchas todoterreno. Con un hijo chiquito, intentamos que todo sea de bajo mantenimiento”, dice Martín.
“Los sábados y domingos a la mañana son los momentos más lindos en la casa, desayunando en el living que recibe un sol divino. También aprovechamos las paredes amplias y blancas para instalar un proyector y hacer noches de cine. Disfrutamos mucho este sector”, comparte Julia.
“Antes de este proyecto, vivimos en Usuhuaia muchos años, y cuando nos mudamos decidimos dejar todo y empezar de cero. ¡No teníamos ni un sillón! Lo primero que vino fue el colchón al poco tiempo el sommier, que mandamos a hacer a medida; después, el resto. Por supuesto, hay un par de objetos de valor sentimental que trajimos, pero casi todo es nuevo“.



Los cuartos tenían techos a más de 3 metros, por lo cual decidieron bajar 40cm el suelo para armar entrepisos sobre los baños de cada uno. De este modo, se aprovecha mejor la superficie, sin quitarle altura a todo el ambiente.




