El consumo masivo volvió a ocupar un lugar central en el diagnóstico macro: funciona como termómetro social y, al mismo tiempo, como síntesis de precios, ingresos y nivel de actividad. En el último año, las notas de Mercado siguieron esa tensión: el gasto cotidiano se ajustó por precio, cambió de canal y trasladó decisiones hacia promociones, financiación y sustitución de marcas.
La Encuesta de Supermercados del Indec ofrece un cierre de 2025 que permite ordenar el mapa. En diciembre, el índice de ventas a precios constantes subió 0,5% interanual y 2,7% frente al mes previo en la serie desestacionalizada. En el acumulado enero-diciembre, el crecimiento real fue de 2,0% respecto de 2024.
La lectura más directa es doble. Por un lado, el consumo en supermercados dejó atrás la fase de caídas generalizadas que dominó buena parte del año anterior. Por otro, la mejora se sostuvo con variaciones acotadas y con ruido estadístico, algo que el propio Indec advierte cuando describe la componente irregular de la serie desestacionalizada.
En términos de actividad, el dato sugiere que la economía encontró un punto de apoyo en el gasto de cercanía, pero todavía no se observa una expansión robusta. Las ventas reales crecieron poco en diciembre frente a igual mes del año previo, y el acumulado anual positivo no elimina la fragilidad del nivel: describe más un reordenamiento que un salto.
Ese matiz dialoga con el enfoque que Mercado sostuvo durante el año: el consumo no cae ni sube de manera uniforme. Se reacomoda por segmento, se mueve por precios relativos y depende de la capacidad de financiamiento de los hogares. En un contexto de ingresos reales con recuperación parcial, la reactivación tiende a ser selectiva.
El segundo plano es el de los precios. En diciembre, las ventas a precios corrientes totalizaron $2.796.110,4 millones, con un incremento interanual de 25,5%. Esa cifra nominal convive con el índice de precios implícitos de supermercados, que registró una variación interanual de 24,8% y una suba mensual de 1,7% en el mismo mes.
La combinación es relevante por dos motivos. Primero, porque el crecimiento nominal luce muy cercano al movimiento del “precio implícito”, lo que refuerza la idea de un consumo real que avanza poco. Segundo, porque el propio Indec aclara que ese índice implícito es de tipo Paasche (canasta con ponderaciones móviles), por lo que no equivale al IPC y puede reflejar cambios de composición: el consumidor compra distinto cuando el precio aprieta.
En el recorrido del año, Mercado señaló ese patrón con frecuencia: más sustitución y más selectividad. No es solo “cuánto sube” el nivel general de precios, sino qué rubros ganan peso en el changuito y cuáles quedan relegados.
En la desagregación por grupos de artículos, diciembre mostró fuertes aumentos nominales en “Carnes” (47,6%), “Alimentos preparados y rotisería” (34,5%), “Verdulería y frutería” (33,4%) e “Indumentaria, calzado y textiles para el hogar” (31,4%).
En composición, “Almacén” representó 24,9% de las ventas y “Bebidas” 15,7%, mientras que “Carnes” concentró 13,0% y “Artículos de limpieza y perfumería” 12,1%.
El punto no está en inferir cambios nutricionales o de hábitos desde un único mes, sino en ubicar una señal: la canasta se mueve con elasticidades distintas. En un año de precios todavía altos, rubros sensibles como carnes y frescos tienden a amplificar la percepción de inflación, y empujan a los hogares a buscar sustitutos o estrategias de compra más planificadas.
Si el consumo masivo fue noticia durante el año, no fue solo por “cuánto” se compró, sino por “cómo” se pagó. En diciembre, la tarjeta de crédito explicó 43,6% de las ventas y la de débito 26,1%. El efectivo quedó en 16,3%. Los “otros medios” —billeteras virtuales, QR, vales y similares— representaron 14,0% y fueron el componente de mayor crecimiento interanual: 59,1%.
Este esquema describe una economía donde el pago se convirtió en variable de decisión. El crédito no solo financia bienes durables: también sostiene consumo corriente cuando el ingreso corre detrás del precio. Y el avance de medios digitales consolida un cambio de hábito que Mercado ya había observado: más bancarización transaccional, más promociones segmentadas y más relevancia del costo financiero total, aun en compras cotidianas.
El “ticket promedio” alcanzó $37.244 y subió 29,2% interanual. Las ventas por metro cuadrado llegaron a $826.295, con un incremento de 26,2%. El personal ocupado total fue de 99.324 asalariados, con una baja interanual de 1,4%.
Estos indicadores ayudan a completar el cuadro de actividad. La suba del ticket acompaña el movimiento nominal, pero no garantiza más volumen. La mejora por metro cuadrado puede reflejar tanto mayor facturación como reordenamiento de mix y precios. Y el empleo en el sector, ligeramente a la baja, sugiere que el canal se ajusta con cautela: cuida dotaciones, incorpora eficiencia y sostiene ventas con estructuras contenidas.
En términos salariales, el informe muestra salarios brutos promedio de $5.032.310 para personal jerárquico y $2.198.100 para cajeros, administrativos y repositores. El dato ilustra otra tensión del año: aun cuando los salarios nominales suben, la capacidad real de compra depende del ritmo de precios y de la estabilidad del ingreso.
La dispersión territorial también aporta señales. En ventas por habitante, aparecen diferencias marcadas entre jurisdicciones: el “Total del país” fue $58.898, mientras que algunas provincias superaron ampliamente ese valor (por ejemplo, Neuquén $187.689 y Tierra del Fuego $186.232).
No se trata de comparar niveles de bienestar con un indicador parcial, sino de reconocer una característica del último año: la recuperación del consumo, cuando existe, suele concentrarse en zonas con mayor dinamismo sectorial o con salarios más altos en actividades específicas. Ese fenómeno convive con regiones donde el consumo permanece más contenido.
El cierre de 2025 en supermercados resume tres tendencias que Mercado viene subrayando en su cobertura de precios y actividad:
El consumo masivo, en síntesis, no ofrece una señal única. Muestra una recomposición por capas: algunos hogares estabilizan, otros recién intentan recuperar y una parte sostiene con financiamiento. Para el próximo tramo, la consistencia del nivel de actividad dependerá de la trayectoria de precios, del ingreso real y de la capacidad de la economía para generar empleo y crédito sin trasladar nuevas presiones al mostrador.
La entrada El consumo busca un piso: más operaciones, ticket más alto y actividad aún frágil se publicó primero en Revista Mercado.

