Karina y Javier Milei en el CongresoKarina y Javier Milei en el Congreso

Los réditos y los límites de la nueva mayoría oficialista

2026/03/01 09:45
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Hace aproximadamente un año, el Gobierno estaba sumergido en un intenso debate sobre la estrategia que debía adoptar para las elecciones legislativas. Un sector auspiciaba la idea de competir con candidatos propios sólo donde había chances de triunfo, y en el resto llegar a un acuerdo con los gobernadores afines. Pero otro grupo alentaba la propuesta de ir con listas violetas en todos los distritos, con escasas excepciones. Cuando la discusión estaba en su punto culminante, intervino en forma directa Javier Milei, con una frase que uno de sus ministros más cercanos todavía recuerda: “Tenemos dos opciones. Una, blindar la gestión en acuerdo con los gobernadores; la otra, jugarnos a todo o nada por la nuestra. Y yo creo que tenemos que jugarnos a todo o nada, porque si acordamos con los gobernadores nos van a extorsionar los próximos dos años”.

Festejo oficialista tras la votación de la reforma laboral

Hoy Milei está cosechando los réditos de ese éxito táctico, a partir de la conformación de una nueva mayoría parlamentaria, que le ha permitido sancionar en las sesiones extraordinarias su primer presupuesto desde que asumió y dos reformas de profundo impacto, como el régimen penal juvenil y la modernización laboral, además de avanzar con la ley de glaciares. Estos triunfos en el Congreso se lograron a pesar de los errores propios (los traspiés con el artículo 11 del presupuesto sobre universidades y discapacidad, o el artículo 44 de la reforma laboral sobre licencias médicas), con apoyos que superaron los 40 votos en el Senado y los 140 en Diputados.

Esta circunstancial nueva mayoría asume dos características fundamentales que permiten entender su naturaleza. La primera de ellas tiene que ver con las razones de su conformación, en las que confluyeron dos procesos. Por un lado, la necesidad de la mayoría de los gobernadores de mantener una buena relación con la Casa Rosada para lograr beneficios económicos en una época de carestía, además de no pelearse con un Milei que mantiene en sus provincias una imagen positiva alta.

Diego Santilli se reunió con gobernadores para acercar posiciones respecto a la Reforma Laboral. Estuvieron presentes Osvaldo Jaldo (Tucumán), Gustavo Sáenz (Salta) y Raúl Jalil (Catamarca), en la Casa de Salta.

Los gobernadores son los únicos con cuotas de poder para negociar. Las lógicas partidarias ya no tienen más sentido en esa conversación. Nada se arregla con la cúpula del peronismo, del radicalismo o del Pro. Desde la reforma constitucional de 1994 los mandatarios provinciales quedaron empoderados por la reafirmación del federalismo en la administración de los recursos, aunque la consecuencia política directa haya sido una mayor fragmentación y una territorialización de sus intereses. Hace años los gobernadores se desengancharon de la disputa por el poder central.

El trío más representativo de este grupo es el que integran el tucumano Osvaldo Jaldo, el catamarqueño Raúl Jalil y el salteño Gustavo Sáenz. Por el contrario, los gobernadores que enfrentaron al poder central después cayeron en las encuestas. Los casos del cordobés Martín Llaryora y del santafesino Maximiliano Pullaro, lo refrendan.

Este interés de los mandatarios provinciales se cruza con otro movimiento superpuesto, que es la necesidad de los peronistas de alejarse nítidamente del kirchnerismo duro, que hoy representa a la provincia de Buenos Aires, pero no al interior del país.

Guillermo Andrada (Catamarca), Carolina Moisés (Jujuy) y Sandra Mendoza (Tucumán) abandonaron el espacio que nuclea al peronismo en la Cámara alta. Sesión preparatoria del Senado para designar autoridades previo al inicio de ordinarias.  24/02/2026.

Esas dos dinámicas tuvieron esta semana un impacto en el Senado a partir de la separación de tres legisladores que estaban en el interbloque liderado por José Mayans: la jujeña Carolina Moisés, la tucumana Sandra Mendoza y el catamarqueño Guillermo Andrada. Quizás el de Moises es el caso más representativo, ya que había sido asediada en su provincia por el kirchnerismo, donde le impidieron presidir el PJ, después intervinieron su partido y al final la expulsaron.

Con su salto, pasó a ser vicepresidenta del Senado y a integrar comisiones (Mayans había ordenado no participar, en represalia a la distribución dispuesta por Patricia Bullrich). En la ruptura de los senadores jugó fuerte el trío JJS (Jaldo, Jalil, Sáenz), y también intervino Sergio Massa, que mantiene un vínculo cercano con Moisés. Tampoco estuvo ajeno el indescifrable Gerardo Zamora.

Jaldo en el Zoom que mantuvo el lunes con otros gobernadores

El mismo lunes que se anunció la ruptura del interbloque, Sáenz organizó un Zoom con otros seis colegas (Jaldo, Jalil, Rolando Figueroa, de Neuquén; Alberto Weretilneck, de Río Negro; Carlos Sadir, de Jujuy; y Hugo Passalacqua, de Misiones), como para licuar el movimiento y darle una cobertura más amplia a la escisión que había promovido, en sintonía con el Gobierno.

Pero Cristina tampoco se quedó quieta, a pesar de que quienes la visitaron recientemente notaron que la última operación a la que debió someterse dejó su efecto. Ella ordenó arrinconar a Axel Kicillof en la Legislatura bonaerense, al imponer a Mario Ishii como vicepresidente primero, y a Sergio Berni como jefe de bloque, en lo que fue un duro revés para las aspiraciones del gobernador. Kicillof, que quiere ser presidente, es el único peronista que no puede controlar su propia legislatura. Massa, que siempre juega a tres bandas, acompañó la movida.

Pichetto y Moreno, durante el acto

Cristina también se permitió recibir a Miguel Ángel Pichetto, un crítico consistente de su gestión en los últimos años, que el día anterior no se privó de una buena foto con Guillermo Moreno. Pareció un recuerdo del reencuentro de la expresidenta con Alberto Fernández después de la derrota electoral de 2017, tras diez años de distanciamiento. La sangre peronista, como un vínculo fraternal, es capaz de acercar extremos en momentos de necesidad. Ahora los unió Milei y la convicción compartida de que el proyecto económico libertario va a generar una crisis productiva muy profunda.

Karina desembarca en Justicia

En simultáneo con el quiebre del kirchnerismo en el Senado se produjo otro reagrupamiento en un sentido similar, que fue el anuncio del interbloque “Impulso País”, integrado por los tres senadores que quedaron de Pro (Martín Goerling, Andrea Cristina y María Victoria Huala), tres de Provincias Unidas (Carlos “Camau” Espínola, de Corrientes; Alejandra Vigo, de Córdoba; y Edith Terenzi, de Chubut), más la tucumana Beatriz Ávila.

Es un nucleamiento que busca disimular el angostamiento de Pro, que termina de diluir lo que quiso ser Provincias Unidas, y que resulta muy útil para la Casa Rosada. Espínola, que heredó el rol de Juan Carlos Romero, es el artífice de ese armado, y hace rato lo venía hablando con Goerling. El correntino también incidió en el corrimiento de Moisés.

El nuevo interbloque

Y detrás de todos esos reacomodamientos que se aceleraron por la sesión preparatoria apareció siempre Bullrich y por detrás, en el tejido con los gobernadores, Diego Santilli. El oficialismo usa a ese peronismo disidente para desgajar al kirchnerismo, pero al mismo tiempo debe evitar que allí se cristalice un liderazgo que lo desafíe.

La consecuencia de todos estos realineamientos es que el Senado es hoy una cámara mucho más favorable al oficialismo que Diputados, en el que la incidencia de los gobernadores es menor, y en donde la fragmentación política es mucho mayor. Esto le permite al Gobierno mirar sin tanta lejanía los dos tercios en la Cámara alta, la cifra mágica para poder avanzar con las designaciones en la Corte Suprema.

El presisdente Javier Milei junto a Karina Milei

En el plano judicial se avecinan movimientos intensos, a partir de la inminente salida de Mariano Cuneo Libarona. El ministro ya se quiso ir en octubre, pero Milei y su hermana le pidieron que se quede hasta marzo, porque no tenían resuelta la sucesión. Ahora el funcionario está dispuesto a partir, más allá de las circunstancias. Esperará el regreso del Presidente de EE.UU. para hablar del tema.

Independientemente de la ronda de nombres que circula para sucederlo, hay un dato crucial: Karina Milei está dispuesta a incidir en forma directa en un área que le era ajena y que hasta ahora estuvo bajo la esfera de Santiago Caputo, a través del viceministro Sebastián Amerio.

Karina Milei y Santiago Viola, su mano derecha en materia judicial

Una alta fuente del Gobierno admite que en los últimos meses la hermana presidencial empezó a mirar los antecedentes de los jueces, y a interiorizarse sobre la integración del Consejo de la Magistratura y de la comisión de Acuerdos del Senado, que valida los pliegos. “Ella quiere un replanteo integral del área de Justicia, para destrabar los temas pendientes. Su idea es designar alguien de su confianza y que también se vaya Amerio”, explica el funcionario al tanto de los movimientos.

El único que puede interceder para amortiguar esa ofensiva es Milei, quien ya dio varias señales de respaldo a Santiago Caputo para evitar que perdiera sus espacios de poder ante las embestidas de su hermana. Apenas se defina la sucesión en Justicia, se activarán los pliegos de los jueces en el Senado porque los gobernadores también lo demandan, y se retomará la discusión por la Corte, que será más tortuosa.

Transaccional, temporal y condicional

La segunda característica de la nueva mayoría oficialista refiere más a sus límites que a sus beneficios. Todos los actores, tanto de la Casa Rosada como los gobernadores, asumen que el actual esquema de alianzas no implica un apoyo irrestricto a cualquier tema y, fundamentalmente, está limitado en el tiempo. El primer aspecto ya lo padeció el Gobierno cuando debió hacerle 28 modificaciones a la reforma laboral para poder atravesar el filtro del Congreso. El segundo está condicionado al desempeño de la economía y a su impacto en la imagen de Milei. Es decir, en cualquier momento puede ocurrir lo que pasó en 2025, cuando con las turbulencias cambiarias, LLA parecía encaminarse hacia una derrota, y todos los gobernadores afines se corrieron para aprobar proyectos en contra de los intereses del oficialismo.

La mesa política debatió el lunes la agenda parlamentaria

“La indicación de Javier es avanzar con todas las reformas lo más rápido posible. Asumimos que el año va a ser duro para la economía real por los costos de la reconversión, y que habrá un desgaste. Después de mitad de año, ya empezarán los reacomodamientos electorales, porque la mayoría de los gobernadores va a desdoblar y el cronograma se iniciará en febrero”.

El diagnóstico provisto por uno de los funcionarios que participan de la estrategia oficial da cuenta de la fragilidad del esquema de gobernabilidad adoptado. Aquella decisión de hace un año de evitar pactos rígidos para no compartir cuotas de poder con nadie, tiene como contracara la necesidad de mantener todo el tiempo la centralidad y el apoyo social.

Los gobernadores explican que su objetivo es tratar de obtener concesiones del poder central porque varios están con poca plata como para mostrar gestión. En febrero prácticamente no recibieron ATN y a la mayoría se le cayó la recaudación y la coparticipación. Saben que es clave este año para tener chances en 2027. Ninguno cuenta con algún tipo de acuerdo electoral con la Casa Rosada, con lo cual no saben si serán aliados o rivales. Es decir, se trata de un esquema transaccional, temporal y condicional. Es una lógica con la que Milei se siente mucho más cómodo en comparación con cualquier formato de pacto más rígido. VLLC.

Juliana Di Tullio, Anabel Fernández Sagasti y José Mayans, la guardia kirchnerista en el Senado

En definitiva, el reacomodamiento del tablero político en el arranque del año exhibió tres actores bien definidos. El primero es el oficialismo, fortalecido tras las elecciones, pero todavía sin una mayoría absolutamente propia como para imponer todos sus deseos. Sus límites quedaron en claro incluso en los triunfos legislativos.

Enfrente se posiciona un kirchnerismo menguante, que está sufriendo más de lo previsto la detención de su líder, pero que aún conserva capacidad de acción, al menos en la provincia de Buenos Aires. Su discurso perdió atractivo y no tiene una renovación de sus referentes. Cristina misma tiene muy claro este diagnóstico.

Cristian Ritondo y el bloque Pro de diputados, los aliados más cercanos del Gobierno

Y en el medio entre libertarios y kirchneristas, cohabita una vasta y heterogénea fauna, que va desde el Pro hasta el peronismo pragmático, y desde el radicalismo hasta las fuerzas provinciales de distinta extracción. Es el sector que tiene la capacidad de inclinar la balanza para un lado o para el otro en el Congreso y también en las elecciones locales, pero que no tiene liderazgo ni proyecto político nacional. Hoy orbita más cerca de Milei, aunque no se sienta representado por su liderazgo. En la lógica libertaria es mucho más funcional un caos domesticado, que un orden con concesiones.

Este tablero no podrá ser alterado por razones políticas. Ningún actor está hoy en condiciones de cambiar este equilibrio de poder. Hasta ahora no hay figuras ni ideas para contrarrestar la poderosa narrativa libertaria. La única variable independiente que puede mover las piezas de ese tablero es el rumbo de la economía. Milei se juega su proyecto de reelección con la inflación, con la reactivación, con el empleo, con el consumo. Es el mandato social que recibió. El resto, son variables dependientes que se activarán en función de los resultados. Milei es el único artífice de sus éxitos; también será el único responsable si fracasa.

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