El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, izquierda, y el primer ministro británico Keir Starmer se saludan en una conferencia de prensa en Chequers cerca El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, izquierda, y el primer ministro británico Keir Starmer se saludan en una conferencia de prensa en Chequers cerca

La guerra en Irán abre una grieta entre Trump y Starmer y sacude la histórica relación entre EE.UU. y Gran Bretaña

2026/03/05 03:43
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LONDRES.- La histórica “relación especial” entre Reino Unido y Estados Unidos atraviesa hoy una zona de turbulencia. El primer ministro británico, Keir Starmer, quedó bajo fuego cruzado tras las duras críticas del presidente Donald Trump.

El mandatario estadounidense no se guardó nada: tildó al líder laborista de ser “poco cooperativo” y disparó una frase que resonó con fuerza en todo el arco político de Londres:Starmer no es Winston Churchill”.

El primer ministro británico, Keir Starmer, habla ante la prensa en Downing Street

El foco del conflicto es la negativa inicial de Downing Street al pedido de la Casa Blanca para utilizar bases militares británicas en ataques directos contra Irán. Si bien Starmer dio marcha atrás días después y autorizó que naves de EE.UU. operen desde bases en Inglaterra y en la estratégica isla de Diego García para fines defensivos, el enojo de Trump persiste.

El presidente norteamericano, durante una charla con el canciller alemán Friedrich Merz, fue lapidario sobre el vínculo bilateral: “Ya no es lo que era”.

La réplica de Starmer en el Parlamento

Frente a la presión, el primer ministro salió al cruce durante su presentación ante la Cámara de los Comunes. Starmer defendió su postura con uñas y dientes y explicó cómo funciona la alianza en el día a día. “Aviones estadounidenses operan desde nuestras bases. Esa es la relación especial en acción”, afirmó el mandatario ante los legisladores para acallar los cuestionamientos.

El primer ministro británico, Keir Starmer, y su esposa, Victoria Starmer, observan junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la primera dama Melania Trump una exhibición del equipo de paracaidismo Red Devils en Chequers, cerca de Aylesbury, durante el segundo día de la segunda visita de Estado del mandatario estadounidense al Reino Unido, el 18 de septiembre de 2025

El líder laborista remarcó que los cazas del Reino Unido protegen de forma constante las vidas de ciudadanos estadounidenses en Oriente Medio a través del derribo de misiles y drones iraníes.

Para Starmer, la verdadera fortaleza del vínculo reside en el intercambio diario de inteligencia que mantiene a la gente a salvo y no en una obediencia ciega a las declaraciones de turno. “Aferrarse a las últimas palabras del presidente Trump no es la relación especial en acción”, sentenció en un claro mensaje de autonomía hacia la Casa Blanca.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, conversa con el primer ministro británico, Keir Starmer, durante la cumbre de paz de Sharm el-Sheikh, en Egipto

Grietas que se profundizan

La tensión entre ambos líderes no es un hecho aislado, sino que se acumula desde hace meses. A pesar de un inicio de relación cordial tras el regreso de Trump al poder en 2025, surgieron roces por temas variados que desgastaron la confianza. Trump cuestionó con dureza el acuerdo de Starmer para devolver las islas Chagos a Mauricio, a pesar de que su propio equipo de gobierno respaldó el plan en una etapa previa.

Otro punto de discordia fue la intención de Trump de adquirir Groenlandia, una idea que Starmer y otros jefes de Estado europeos rechazaron de forma tajante a principios de este año. En el ámbito económico, la incertidumbre es total: un tratado comercial firmado con bombos y platillos en mayo quedó en el freezer por la reciente amenaza de nuevos aranceles por parte de Washington, lo que afecta los lazos transatlánticos y el comercio.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro británico, Keir Starmer, conversan mientras posan para una foto durante la cumbre de paz de Sharm el-Sheikh

La prudencia de Starmer tiene una explicación política de peso en la memoria colectiva británica. El recuerdo de la guerra de Irak en 2003, cuando Tony Blair se sumó a la invasión liderada por EE.UU. con datos de inteligencia falsos, todavía genera un fuerte rechazo en la sociedad.

Aquel conflicto dejó un saldo trágico de 179 soldados británicos y más de 4500 efectivos norteamericanos muertos, además de miles de víctimas iraquíes.

Starmer insiste en que su gobierno no cree en un “cambio de régimen desde los cielos” y considera que una guerra abierta contra Irán no tiene sustento legal. Esta posición choca de frente con la visión de Trump, quien espera una lealtad absoluta de sus aliados estratégicos. Peter Ricketts, exasesor de seguridad nacional, calificó la actitud del presidente como una búsqueda de “lealtad ciega” y tildó sus ataques contra el premier de “injustos”.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dialoga con el primer ministro británico, Keir Starmer, mientras ambos posan para una fotografía durante la cumbre de paz de Sharm el-Sheikh, en Egipto

Presión interna y clima de incertidumbre

En el plano local, Starmer no la tiene nada fácil. La líder de la oposición conservadora, Kemi Badenoch, aseguró que el premier debió apoyar la ofensiva de forma total desde el primer minuto. El legislador Gareth Bacon se sumó a las críticas y habló de una respuesta “vacilante y ambigua” ante la crisis. Por su parte, algunos medios fueron brutales: el Daily Mail tituló que “Starmer le quita el ‘Gran’ a Bretaña”.

Desde el gabinete británico, el ministro James Murray intentó calmar las aguas y aseguró que el primer ministro actúa con “cabeza fría” frente a una relación que calificó como “histórica, duradera y profunda”.

El primer ministro británico, Keir Starmer, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, participan de una conferencia de prensa conjunta en Chequers, cerca de Aylesbury, en el centro de Inglaterra, el 18 de septiembre de 2025

En Londres hay quienes confían en que este arranque de furia de Trump sea apenas un temporal pasajero que se disipe pronto. Sin embargo, los riesgos son altos: el mandatario estadounidense ya amenazó con romper lazos comerciales con España por un cruce similar con Pedro Sánchez.

Agencias AP y AFP

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