La culminación de la Americas Counter Cartel Conference en Doral, Florida, realizada este jueves dejó un mensaje inequívoco: la cooperación hemisférica contra el narcotráfico entra en una fase de máxima confrontación militar.
Las autoridades estadounidenses y delegaciones latinoamericanas, entre ellas la de El Salvador, con la presencia del ministro de la Defensa Nacional, Francis Merino Monroy, y el ministro de Justicia y Seguridad, Villatoro, coincidieron en que los cárteles de droga serán considerados enemigos equiparables a organizaciones terroristas internacionales.
El evento, encabezado por el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, y el general Francis Donovan, reunió a altos funcionarios de defensa y seguridad de la región.
Desde el inicio, los organizadores subrayaron la urgencia de responder al narcotráfico como a una campaña de terror y violencia con efectos letales semejantes a los de una guerra convencional.
La nueva estrategia, delineada bajo la administración de Donald Trump, supone abandonar la vía judicial tradicional. Según el asesor presidencial Stephen Miller, “la única manera de aniquilar a los cárteles en Occidente es con muerte y destrucción masiva”.
Miller remarcó que la justicia penal resulta insuficiente y que solo la intervención militar directa puede erradicar a estos grupos.
El mensaje central de la conferencia fue categórico: Estados Unidos y sus aliados tratarán a los cárteles como organizaciones terroristas, usando toda la fuerza militar necesaria para impedir que controlen territorios en el hemisferio.
Miller insistió en que “las organizaciones narco-terroristas no se rinden ante un juez. Se destruyen con poderío militar abrumador”.
Esta declaración, respaldada por la presencia de ministros y delegados de países como El Salvador, marca una ruptura con los enfoques previos centrados en sanciones económicas o cooperación policial.
La conferencia estableció el principio de “paz mediante la seguridad” como eje de la lucha regional. Los participantes coincidieron en que solo una respuesta coordinada y ofensiva puede frenar la capacidad destructiva de los cárteles y las redes criminales transnacionales.
Durante las sesiones, se presentaron operaciones concretas como Southern Spear y Absolute Resolve, enfocadas en acciones ofensivas y conjuntas para combatir el narcoterrorismo. El control efectivo de las fronteras y la soberanía nacional se plantearon como condiciones imprescindibles para la seguridad de los países del hemisferio.
En palabras del Departamento de Guerra estadounidense, la amenaza del narcotráfico exige fortalecer la vigilancia regional, la interoperabilidad de las fuerzas armadas y la capacidad de respuesta conjunta.
Las acciones dialogantes o meramente judiciales fueron descartadas como insuficientes frente a la magnitud de la amenaza.
La delegación salvadoreña, integrada por el ministro de Defensa Nacional, Francis Merino Monroy, y el ministro de Justicia y Seguridad, Gustavo Villatoro, participó activamente en la cumbre. Su presencia fue interpretada como un respaldo explícito a la nueva doctrina militar promovida por Estados Unidos.
El encuentro evidenció una alineación inédita entre los países presentes. Los ministros de defensa y seguridad de la región coincidieron en que la erradicación de los cárteles exige medidas extraordinarias y una coordinación multinacional.
El Salvador, junto con otros gobiernos latinoamericanos, manifestó su disposición a intensificar la cooperación militar y a sumarse a operaciones conjuntas bajo este nuevo paradigma.
En respuesta a la pregunta sobre el impacto inmediato del evento, la conferencia en Florida marca el arranque de una fase en la que la lucha contra el narcotráfico se define en términos de despliegue militar, dejando atrás la primacía de la justicia penal.
Los compromisos asumidos preparan el terreno para que países como El Salvador incrementen su papel en acciones regionales dirigidas a eliminar las organizaciones criminales con todos los recursos disponibles.
América Latina y el Caribe fueron definidos por los organizadores como una prioridad geopolítica para la defensa hemisférica. Las autoridades estadounidenses recalcaron que la seguridad y la protección del territorio comienzan en casa, y que no se tolerará la presencia de enemigos ni organizaciones criminales en ningún centímetro del hemisferio occidental.
El mensaje más enfático del evento fue que la tolerancia cero ante la pérdida de control territorial se convierte en política oficial. Los cárteles, equiparados a amenazas globales como ISIS o Al Qaeda, serán enfrentados con fuerza letal y sin concesiones jurídicas.
En síntesis, la Americas Counter Cartel Conference dejó sentado un nuevo estándar en la lucha regional contra el narcotráfico: una alianza militar hemisférica que prioriza la acción ofensiva y la coordinación multinacional, desplazando definitivamente los viejos esquemas de la “guerra judicial” para dar paso a una estrategia de confrontación total.


