Desde el ataque de Hamas a la guerra de Estados Unidos con Irán: emerge un Medio Oriente forjado en la violencia

2026/03/06 06:00
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LONDRES.– A primera hora de una fresca mañana del otoño boreal de 2023, desde un túnel debajo de la Franja de Gaza, Yahya Sinwar impartió la orden de enviar a miles de combatientes de Hamas a cruzar la valla que los separaba de Israel. La reconfiguración de Medio Oriente que desató esa orden es comparable en su magnitud a la Primavera Árabe o a la jibarización del Imperio Otomano a principios del siglo XX, pero no se parece en nada a lo que imaginó Sinwar.

Veintinueve meses después, Medio Oriente está casi irreconocible. Israel se erige como la indiscutida potencia militar hegemónica, cuyos enemigos fueron diezmados o descabezados. Arabia Saudita emerge como un pilar económico y político crucial de la región, mientras sus vecinos del Golfo Pérsico se tambalean bajo el fuego de los misiles iraníes. Los palestinos, que lloran la muerte de 75.000 personas en una Gaza devastada y siguen perdiendo territorio en Cisjordania, parecen haber quedado relegados una vez más por todos.

Desde los años 90, Israel ha asesinado a todos los dirigentes de Hamás, pero siempre ha habido un sucesor

Sinwar fue asesinado por Israel en octubre de 2024, y tras dos años y medio de derramamiento de sangre y agitación, la red que supuestamente debía rescatarlo está en ruinas. El líder supremo iraní, Ali ​​Khamenei, fue aniquilado el sábado en un ataque aéreo conjunto de Estados Unidos e Israel. El régimen que durante cuatro décadas financió y proveyó de armas al “eje de la resistencia” está al borde del colapso, y quizás arrastre consigo a Hamas, Hezbollah y los hutíes del Yemen.

Y el régimen de Teherán, que enfrenta una sucesión caótica e incierta, se está ganando enemigos en toda la región, con sus drones y misiles disparados al azar y hasta con jactancia, incluso contra objetivos civiles.

Bashar al-Assad, el veterano gobernante sirio, hoy vive exiliado en la gélida Moscú.

El expresidente sirio, Bashar al-Assad fue uno de los aliados más cercanos de Irán hasta que fue derrocado el año pasado

Al frente de la campaña militar y con el objetivo de forjar el futuro de la región se encuentra el primer ministro Benjamin Netanyahu, que ha sobrevivido políticamente a repetidos colapsos de su gobierno, a una orden de arresto de la Corte Penal Internacional y a años de juicios por corrupción, para llevar a Israel a un predominio militar regional sin precedentes. Y el presidente Donald Trump, que superó dos juicios políticos, una condena por delitos graves y un intento de magnicidio, para regresar a la Casa Blanca y llevar a Estados Unidos a una guerra contra Irán sin el aval del Congreso norteamericano.

Hoy Israel enfrenta acusaciones de genocidio y hay toda una nueva generación de israelíes que soporta los traumas de la guerra, como lo hicieron sus padres, abuelos y bisabuelos. Y hoy que nuevamente hay soldados nortemaericano que mueren en Medio Oriente en una guerra de duración incierta y objetivos poco claros, lo que Sinwar desencadenó no fue una liberación, sino el desmoronamiento de todo lo que él y sus patrocinadores anhelaban: un Israel derrotado, la esperanza de un Estado palestino, y un Medio Oriente libre de influencia occidental.

“Fue un error de cálculo garrafal de consecuencias catastróficas”, apunta Bilal Saab, miembro de Chatham House y exfuncionario del Pentágono durante el primer gobierno de Trump. “Fue un cataclismo que por sí solo cambió la faz de Oriente Medio”, agrega en referencia al ataque de Hamas de 2023.

Terroristas de Hamas recorren Khan Younis con un rehén israelí en la caja de una camioneta

Pero el resultado final de estos cambios sigue siendo una de las preguntas abiertas más trascendentes de la geopolítica actual. El viejo orden –Irán como disruptiva columna vertebral de la región, sus fuerzas delegadas como herramientas de presión y disuasión– ya no existe, y lo reemplaza un cóctel impredecible de intereses contrapuestos, nuevos resentimientos, ciudades destruidas y lugares sin gobierno.

Israel predomina, sí, pero está aislado, y sus vecinos se preguntan con preocupación qué hará con ese poder y cómo lidiará con el odio que les quedará a sus enemigos vencidos. Los Estados del Golfo, incluidos los firmantes de los Acuerdos de Abraham negociados por Trump, están conmocionados y desconfían de las garantías norteamericanas. Arabia Saudita y Turquía se están reposicionando, pero aún se desconoce para qué y contra quién. Mucho puede depender de quién o qué suceda a continuación en Teherán, tras el vacío que dejó la caída de Khamenei.

Después de la Primera Guerra Mundial, las potencias colonialistas europeas trazaron un mapa para repartirse los desiertos, uadis y montañas, desmantelar lo que quedaba del Imperio Otomano y crear el Medio Oriente moderno. La Primavera Árabe de 2011 desintegró ese andamiaje, y lo que ocurra ahora puede surgir de un molde completamente nuevo.

“Esto modifica la región para siempre”, dice Ali Vaez, director del Proyecto Irán del International Crisis Group. “Pero todavía está por verse qué consecuencias tendrá”.

La paz, por la fuerza

“Cuando esto termine, creo que oirán a nuestros líderes hablar del deseo de Israel de lograr la paz a través de la fuerza”, dice un funcionario israelí. “Lucharemos contra nuestros enemigos con toda la fuerza posible y abrazaremos a nuestros amigos con todas nuestras fuerzas”.

Históricamente, Israel siempre justificó la existencia de su enorme ejército como escudo contra vecinos hostiles, un acuclillamiento defensivo que no se condecía con su mayor liderazgo político o económico en la región.

“Yo describiría a Israel como una potencia hegemónica reticente”, dice Saab. “Tiene enorme capacidad para derrotar a sus enemigos, pero no ha mostrado ningún interés en apuntalar sistemas políticos que reemplacen los que han destruido”.

Ese foco puesto en la seguridad reconforta a los israelíes, pero inquieta a sus vecinos. Un Israel sin rivales regionales genera temores de abusos y aventurerismo, especialmente en Cisjordania. Y esas preocupaciones se acentuarán si Estados Unidos declara la victoria sobre Irán y se retira de Medio Oriente, dando vía libre a Jerusalén para actuar por su cuenta. “Por mucho que quieran ver la caída del régimen iraní, a los líderes del Golfo también les preocupa la facilidad con la que Israel aprieta el gatillo”, agrega Saab.

La forma en que Israel ejerza su predominio podría depender de lo que haga Irán cuando se le agoten los misiles y los drones, algo que puede ocurrir en cuestión de días, según algunos expertos militares occidentales.

Trump exhortó a los iraníes a ganar las calles y tomar el poder, pero quienes conocen de cerca la región consideran improbable que en un futuro próximo puedan celebrarse elecciones libres, por más que los ciudadanos se alcen contra las fuerzas del régimen que en enero mataron a más de 6800 manifestantes, según agrupaciones de derechos humanos.

Para empezar, no ha surgido una oposición organizada, y hay facciones dentro del régimen que ya están maniobrando para alzarse con el poder. De hecho, el régimen podría ser sucedido por una junta militar de oficiales del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica que actualmente estén en el gobierno..

El colapso del eje iraní tampoco garantiza el fin del terrorismo ni de la militancia que generó. Hezbollah sigue lanzando misiles contra Israel y hasta contra Chipre, y los rebeldes hutíes, dueños y señores de las tierras altas de Yemen, podrían atacar a los barcos en el Mar Rojo durante años.

Incertidumbre y desorden

Las amenazas podrían ampliarse, e incluso abrir conflictos sectarios.

“El ayatollah Khamenei no era solo un jefe de Estado”, dice Shira Efron, investigadora de Rand, un centro de estudios de seguridad con sede en Tel Aviv. “Khamenei era el líder religioso de unos 200 millones de chiitas en todo el mundo”, agrega.

En cualquier caso, los drones Shahed que incendian zonas turísticas en toda la región también hicieron cenizas cualquier esperanza de Irán de mejorar relaciones con sus vecinos musulmanes. Con sus ataques a hoteles, edificios de departamentos, puertos y embajadas en los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Bahrein y otros países, lo que queda del régimen de Teherán se ha autoprovocado un aislamiento aún más extremo.

Lo que ninguno de esos países todavía puede entrever es la forma de lo que está naciendo. El antiguo Medio Oriente tenía su lógica, por brutal que fuera: Irán como disruptor, Estados Unidos como garante, Israel como potencia contenida, los estados del Golfo como financiadores de la estabilidad.

Lo que venga a reemplazar esa lógica se decidirá según los caprichos de Trump en tanto desarrollador inmobiliario y autoproclamado pacificador, en la lucha por la sucesión en Teherán, en el salón del trono de Riad, en el palacio presidencial de Ankara y entre los escombros de Gaza, donde la gran apuesta de Sinwar no terminó en liberación sino en cenizas y sangre, y donde el próximo capítulo de Oriente Medio, no escrito e impredecible, ya ha comenzado.

Traducción de Jaime Arrambide

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