Frente actual de la Mansión MihuraFrente actual de la Mansión Mihura

“La segunda mejor fachada”. La mansión porteña que perteneció a la familia Anchorena, fue rescatada del olvido y recuperó su esplendor

2026/03/06 13:24
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Árboles, plazas y tránsito se mezclan en la avenida Las Heras. La caracteriza también una combinación de arquitectura señorial, edificios históricos y construcciones más recientes. Entre Callao y Rodríguez Peña, rodeada hoy por torres y construcciones altas, pasa casi desapercibida una de las fachadas más lindas de principios del XX.

Placa del segundo premio a la mejor fachada, 1922

Una placa junto a la puerta —un portal de doble hoja de madera y, en el frontis triangular, la figura de Ceres, diosa romana de la agricultura— recuerda que, de hecho, la propiedad recibió en 1922 el segundo premio a la mejor fachada de Buenos Aires. El primero se habría declarado desierto...

La Mansión Mihura, antes de su remodelaciónLa fachada de la Mansión Mihura, remodelada (Facebook: Belle Epoque - La Argentina del Centenario)

La casa es conocida como Mansión Mihura. Fue diseñada por el destacado arquitecto e ingeniero civil Eduardo Lanús, quien también participó como director en otros proyectos, como el Palacio Errázuriz —actual Museo Nacional de Arte Decorativo— y el Palacio Bosch, que linda con el Ecoparque, ambos diseñados por el francés René Sergent.

Eduardo Lanús

La construcción fue encargada por Francisco Mihura, hermano de Emilio Mihura, quien se desempeñó como ministro de Agricultura y Ganadería durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear. La obra se completó hacia 1922, en un período en el que sectores de la elite porteña impulsaban residencias urbanas inspiradas en modelos europeos.

El edificio incorporaba elementos poco frecuentes para una vivienda particular de la época. Según registros actuales de quienes trabajaron en su restauración, contaba con ascensor, escaleras de mármol y una variedad de materiales de alta calidad. Los registros disponibles sobre la vida cotidiana de la familia en la casa son escasos y, hasta ahora, no se conocen demasiados detalles de ese período inicial.

El estado del jardín, antes de los trabajos de restauraciónRecorrido por la Mansión Mihura que va a formar parte del Recoleta Grand hotel El jardín de la Mansión Mihura se transformó en un patio cubierto con ventanales altos, piso damero y mesas. Allí funciona el restaurante Atrium.

El paso de los Anchorena

Sí se sabe que, hacia la década de 1940, tras la muerte de Francisco Mihura, la propiedad fue vendida. La mansión pasó entonces a manos de integrantes de la familia Anchorena, una de las más tradicionales de Buenos Aires.

Existen distintas versiones sobre quién de ese grupo familiar la habitó. Algunas referencias la vinculan con Florinda “Chita” Fernández de Anchorena, quien se convirtió en condesa tras casarse con el aristócrata francés George Gustave Boniface de Castellane Gould. Sin embargo, no hay datos que confirmen que haya residido en esta casa.

De hecho, la familia de Chita había viajado a Europa cuando ella era muy chica, con la intención de quedarse una temporada en París mientras construían la casa sobre la avenida Alvear, hoy sede de la Nunciatura Apostólica. La encargaron a la distancia, desde su residencia temporal en París. Compraron los muebles y los adornos allá. Tenían la intención de volver, pero el viaje se fue retrasando por distintos eventos, así que finalmente decidieron quedarse en Francia.

El salón principal, al frente, sobre la avenida Las Heras, de la Mansión Mihura, tal como estaba antes de la remodelaciónEn uno de los más importantes salones del primer piso, que se convirtió en El Club de la Serpiente, todo se tiñó de colorado. Abrirá sus puertas el 26 de marzo.La bandeja del DJ en El Club de la Serpiente, de Recoleta Grand hotel

Sus hijos, entre los que se cuenta Florinda, habrían vuelto al país en distintas circunstancias, pero siempre brevemente. No dormían ni en el que hoy se conoce como palacio Fernández Anchorena, ni en la mansión Mihura, sino en el hotel Plaza.

Según contaron a este medio descendientes de la familia Anchorena, esa luego propiedad perteneció a otra rama, los Molina Anchorena. Según esos testimonios, en los últimos años la vivienda estuvo habitada por tías de esa familia. Tras su fallecimiento, se puso en venta.

La imponente escalera principal de la Mansión MihuraLa escalera principal tras las obras de restauración y puesta en valorDebajo de las alfombras desgastadas de la escalera encontraron mármol en excelente estado

Deterioro y venta

Con el paso de los años, la casa fue perdiendo mantenimiento. Algunas partes de la estructura comenzaron a deteriorarse y varios ambientes quedaron cerrados durante largos períodos.

“Vivía alguien de la familia con movilidad reducida, en una habitación muy separada del resto de la casa, porque el resto estaba muy deteriorado”, cuenta Mauricio Secco, actual gerente general del complejo hotelero que hoy ocupa el lugar. “Una de las paredes principales tenía una grieta que se veía del otro lado”.

Ese grupo hotelero es el Recoleta Grand, que compró el inmueble, lo remodeló y lo anexó al edificio ya existente, justo al lado de la antigua mansión Mihura.

De hecho, como puede verse en fotos, antes de los arreglos la fachada se descascaraba y estaba sucia, las ventanas, cerradas, el polvo y la humedad se acumulaban. Había perdido completamente el esplendor de aquella época.

Las obras para recuperar la mansión Mihura

Restauración, literatura y fantasmas

La restauración implicó un trabajo amplio, tanto en el interior como en el exterior del edificio. El objetivo fue recuperar la mayor cantidad posible de elementos originales y adaptar la casa a nuevos usos. La obra requería rescatar el espíritu de la casa y mantener, en lo posible, su esencia de aquella.

La remodelación implicó tratar de conservar todo lo posible. En la imagen, el complejo rompecabezas con los listones de maderaLos pasillos de la Mansión Mihura

Recoleta Grand encargó la obra al mismo equipo que trabajó en la Confitería del Molino. Como la propiedad cuenta con protección patrimonial grado cuatro, debieron cumplir ciertas pautas de conservación.

“Todo lo que se pudo recuperar se recuperó”, explica Secco. “Los listones de pinotea, por ejemplo, se retiraron, se numeraron y luego se volvieron a colocar en el mismo lugar”.

Durante los trabajos se encontraron algunos espacios prácticamente intactos, como la biblioteca de los antiguos propietarios. Los libros fueron donados posteriormente a distintas instituciones.

Recoleta Grand Hotel donó los libros encontrados en la Mansión Mihura a distintas entidadesLos bares se llamarán La Maga y Rayuela, entre otras obras maestras de la literatura contemporánea que harán referencia a las publicaciones icónicas de Cortázar.

En el primer piso se crearon nuevos salones que hoy funcionan como bares. Sus nombres —El club de la serpiente, La Maga y Rayuela— remiten a la obra de Julio Cortázar. Según una versión que circula entre quienes participaron de la remodelación, durante la limpieza de la casa habría aparecido un cuaderno con anotaciones atribuidas al escritor. No existen documentos ni registros que lo confirmen.

También circularon otras historias. Una de ellas sostiene que, cada vez que movían un retrato de Francisco Mihura encontrado en la casa, algo pasaba: fallas eléctricas y problemas técnicos. Por las dudas, decidieron dejar el cuadro en un lugar fijo dentro de la propiedad. Son anécdotas transmitidas entre quienes trabajaron en estos espacios, que aseguran que hoy seguiría en la mansión, escondido en algún sitio, y que Mihura “debe estar feliz”, porque no hubo más desperfectos.

Una araña clásica de cristal con caireles corona la entrada de carruajes de la Mansión MihuraRecorrido por la Mansión Mihura que va a formar parte del Recoleta Grand hotel

Hay mucho de la casa que se mantiene igual y mucho que no. Lo que se recuperó se tuvo que “reamar como un lego”. Algunos pisos de roble original, la boiserie de los salones, rejas que se imitaron para mantener el estilo.

Debajo de alfombras de la escalera, desgastadas, el mármol intacto que prefirieron dejar al descubierto. Molduras de yeso en los techos, algunas impolutas, otras, destrozadas. Hicieron un molde con el que copiaron a la perfección esos diseños.

Las remodelaciones buscaron recuperar y mantener lo más posible la estética del lugarMolduras en los techos de uno de los salones de la Mansión Mihura

Donde antes había un jardín interior, por ejemplo, venido a menos como toda la mansión, se construyó un patio cubierto con ventanales altos, piso damero y mesas. Allí funciona el restaurante Atrium.

Así, entre restauraciones y adaptaciones, la casona mantiene parte de su estructura y de su estilo original, mientras se integra a la vida actual del barrio.

Uno de los salones del segundo piso de la Mansión Mihura, reservado para reuniones de empresas
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