En un escenario de intenso debate sobre la adaptación a las nuevas reglas del mercado, la mayor competencia de las importaciones y las estrategias locales para responder al salto del 300% en el régimen de courier, diversos sectores alertan que la actual “invasión” de productos chinos es apenas “la punta del iceberg”.
Lo que comenzó como una curiosidad de nicho se ha transformado en un fenómeno macroeconómico de alto impacto, afectando no solo al consumo y la industria, sino también a los propios importadores tradicionales y al sistema logístico.
La importación minorista bajo el régimen de courier en Argentina experimentó un crecimiento explosivo: pasó de u$s 239 millones en 2024 a u$s 894 millones en 2025, lo que representa un salto del 274%. Sin embargo, fuentes del sector logístico consultadas por El Cronista advierten que esta es la antesala de una estrategia de penetración mucho más profunda.
Fuentes con diálogo fluido y negocios activos en China aseguran que el primer semestre de 2026 consolidará el desembarco definitivo de gigantes que, hasta ahora, operaban a media máquina.
“Lo que hemos visto es apenas el 25% de la estrategia de penetración de China en la Argentina”, afirmó la fuente, anticipando el desembarco de nuevas plataformas.
Si bien el 2025 ha sido un año de revolución para el comercio electrónico, Temu opera actualmente al 10% de su capacidad, mientras termina de adecuar sus sistemas para un despliegue total. En el caso de AliExpress, que invirtió un año y medio en ajustar su modelo impositivo, los analistas señalan que “aún no ha llegado con toda su fuerza”.
A este escenario se suma la llegada inminente de Shopee y un fortalecimiento operativo de Amazon, configurando un ecosistema donde incluso jugadores dominantes como Mercado Libre se ven obligados a aceptar nuevas reglas de juego que ya han transformado mercados similares en México y Colombia.
La magnitud del desafío es sistémica. La sumatoria de usuarios de Shopee, Temu, Shein y AliExpress en Latinoamérica equivale hoy a la estructura de cinco veces Mercado Libre. Esta escala permite a las empresas chinas operar con una eficiencia que pulveriza cualquier estructura de costos local.
Un ejemplo claro es la infraestructura de Shein, que cuenta con su propia “ciudad” en Guangzhou: un complejo de 37 millones de habitantes dedicado íntegramente a la producción, logística y vivienda de su fuerza laboral.
Esta integración vertical, sumada al concepto de “superapps” como Alipay —que en China gestiona desde el transporte público hasta los seguros de salud—, otorga a estos jugadores una ventaja competitiva que trasciende lo comercial para convertirse en un fenómeno cultural y tecnológico.
En el frente interno, la normativa que permite cinco envíos anuales de hasta u$s 3000 ha sido el catalizador principal de este cambio. Antes de esta flexibilización, la carga impositiva podía elevar el costo de un producto chino hasta en un 70%, provocando que artículos con un valor ínfimo en origen perdieran competitividad al llegar al país.
Hoy, bajo la exención del IVA para compras menores a u$s 400, el comportamiento del consumidor ha mutado drásticamente.
El promedio pasó de un rango de 0,45-0,53 kg a superar el kilogramo, lo que sugiere que el comprador argentino ha perdido el miedo al sistema y apuesta por volúmenes mayores o productos de mayor envergadura.
El valor por paquete subió de u$s 45 a los u$s 70. Estos envíos contienen, en promedio, entre siete y diez productos, lo que indica que el usuario aprovecha ofertas de artículos de bajo costo (entre u$s 5 y u$s 6).
El 80% de lo que ingresa vía courier proviene de China, mientras que el 20% restante llega desde Estados Unidos, una diferencia atribuida estrictamente a la competitividad de costos y la disposición del público a experimentar con la compra directa al gigante asiático.
Este proceso marca el inicio de una gran transformación, potenciada por la desregulación del régimen general de importaciones y una apertura comercial que el Gobierno profundiza día tras día.
En el plano político, el avance chino ha encontrado resistencia en una visión que prioriza el empleo y la industria nacional. El diputado Miguel Ángel Pichetto, junto a Oscar Agost Carreño y Nicolás Massot, ha impulsado un proyecto de ley para regular esta avanzada.
La iniciativa propone la creación de un Registro Nacional de Comercio Digital Extranjero y un arancel del 30% para todo producto importado vía plataforma, eliminando las exenciones actuales. Además, exige que estas empresas designen un representante legal local, bajo amenaza de bloquear sus pagos y despachos.
El diputado advierte con crudeza que, en el actual marco global, “la Argentina es el país que más ha destruido su industria” y que esta realidad debe obligar al Gobierno a una reflexión profunda sobre el futuro del mercado laboral.
“El tema es el empleo; es la gente que todos los días se queda en su casa”, enfatizó el legislador, lanzando un pronóstico sombrío: “Si no los paramos, nos liquidan”.
Ante la idea oficialista de una reconversión económica volcada a sectores extractivos, Pichetto —quien reivindica su conocimiento de la dinámica productiva en la Patagonia— sostiene que el petróleo y la minería generan trabajo focalizado, pero no logran absorber la mano de obra de los cordones industriales.
Según su visión, cuando se pierde el empleo en los sectores urbanos, el destino no es la reconversión, sino “la miseria, la decadencia y la marginalidad” en las periferias de las grandes ciudades, un costo social que, asegura, obligará tarde o temprano al Gobierno a tomar nota del conflicto.


