El dolor menstrual continúa siendo un problema de salud que muchas veces se minimiza en México. De acuerdo con la quinta edición del Haleon Pain Index (HPI 5), el 61% de las mujeres mexicanas siente que su malestar durante el periodo es ignorado, minimizado o tratado con prejuicios.
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El estudio, presentado en marzo de 2026 y realizado entre más de 18 mil personas de 18 países, muestra que México se encuentra entre las naciones con mayores niveles de discriminación relacionada con el dolor. Los datos evidencian cómo los tabúes sociales y la falta de empatía afectan la forma en que se atiende la salud femenina.
El informe revela que muchas mujeres en México sienten que su dolor menstrual no es tomado en serio cuando lo expresan en consultas médicas, espacios laborales o incluso en su entorno familiar. En comparación con otros países, México registra uno de los niveles más altos de percepción de discriminación.
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Este fenómeno tiene efectos directos en la salud. Cuando el dolor se minimiza, muchas mujeres evitan buscar atención médica o hablar del tema, lo que retrasa diagnósticos de condiciones como endometriosis o síndrome premenstrual severo.
El estudio muestra que el dolor sigue siendo un tema incómodo para muchas personas. En México, el 35% considera que hablar de dolor no debería hacerse públicamente, una percepción que refuerza el silencio alrededor del periodo.
Entre las mujeres jóvenes la presión social es mayor. Muchas prefieren no mencionar su malestar por temor a ser juzgadas o consideradas exageradas, lo que provoca que 1 de cada 3 mujeres se sienta sola cuando experimenta dolor.
Aunque 93% de los mexicanos vive con algún tipo de dolor, una cifra superior al promedio mundial, las mujeres reportan una experiencia diferente cuando buscan atención.
6 de cada 10 mexicanas afirma que su dolor es descartado o tratado de manera distinta por su género.
Las opiniones sociales revelan que todavía existen estigmas alrededor del tema. Entre los hallazgos principales del estudio destacan:
Estas percepciones influyen en la manera en que se aborda la salud, tanto en espacios médicos como laborales.
Las consecuencias del estigma se reflejan en la vida cotidiana y entre las afectaciones más frecuentes se encuentran:
Esto puede generar estrés emocional, retrasar tratamientos y afectar la calidad de vida.
El estudio también preguntó a las mujeres qué acciones podrían mejorar la atención al dolor. Las respuestas muestran una necesidad clara de cambios en la atención médica y en la cultura social.
Entre las principales demandas destacan:
Las participantes del estudio identificaron varias medidas concretas que podrían mejorar la atención del dolor menstrual:
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