Javier Milei en la Cámara de Diputados ante la Asamblea LegislativaJavier Milei en la Cámara de Diputados ante la Asamblea Legislativa

Milei, el toro que embiste y esquiva las banderillas

2026/03/08 11:02
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El presidente de la República se bajó del auto oficial, subió ágilmente las escalinatas del Congreso y se confundió en un afectuoso abrazo, con beso incluido, con su vicepresidenta. Al ingresar al hemiciclo legislativo solo hubo discretos aplausos hacia su investidura, sin cánticos peyorativos hacia la oposición. Imperaba un clima de respeto.

Durante su discurso ante los congresistas subrayó que “la dignidad de una sociedad se evalúa por la calidad del trabajo que ofrece y por la justicia de los ingresos que distribuye. En 2025 se crearon 26.000 nuevos puestos de trabajo”. Y agregó que “el crecimiento, si no distribuye no cohesiona”. Dijo, además, que el salario real creció 2,3%, las jubilaciones aumentarán un 6% y que la inflación se ubicó en 3,5% (anual), la menor en 25 años. Aludió un par de veces a la oposición, pero sin chicanas ni agresividades gratuitas. Al terminar, bajó del estrado y al primero que saludó y abrazó fue a un veterano expresidente del arco político contrario al suyo.

Los párrafos anteriores no son un relato extraviado de lo que no pasó el domingo último en el Congreso argentino. Responde a lo que sí ocurrió, pero en el Palacio Legislativo de Montevideo, cuando el lunes último el presidente uruguayo, Yamandú Orsi, rindió cuentas de su primer año de gobierno, ante la Asamblea General.

Nada más opuesto a lo que pasó aquí el domingo por la noche: otro presidente (Javier Milei), al llegar al Parlamento intercambió un gélido y distante saludo con su vicepresidenta a la que involucró en una supuesta conspiración golpista durante su discurso con un cabeceo inequívoco hacia ella. Propició, además, que en el recinto de la Cámara de Diputados, en la que se llevó a cabo la Asamblea Legislativa, reinara un clima de barrabravas libertarios desaforados. Cierto es que también la oposición de kirchneristas e izquierdistas no se quedó atrás, pero eran menos y sus voces (e imágenes) fueron prolijamente invisibilizadas durante la transmisión de la cadena nacional (dato al margen: en Uruguay no se obliga a los canales a emitir el mensaje presidencial).

Aquí, en cambio, la gran audiencia que seguía ese acto institucional por TV pudo tener la impresión de que Milei se salía intermitentemente de la lectura de su discurso para pelear de manera insultante contra nadie, ya que ni se veía ni se escuchaba a los destinatarios de sus diatribas. Apenas, de la mención de algún apellido y de los rótulos pendencieros a los que suele ser tan afecto el Presidente, se podía deducir a quiénes dedicaba su sarta de improperios.

Desde el punto de vista institucional, un verdadero horror. Desde el plano estrictamente comunicacional, tal vez Milei se anotó un nuevo y significativo triunfo: sacudió (y “domó”, para usar el verbo preferido de los belicosos libertarios) a todos los “irredentos” de la vereda de enfrente, amordazados y carentes de imagen por culpa de la aviesa transmisión oficial. Así, se creaba en el televidente más desprevenido y carente de una mínima formación política, la sensación de que todos los problemas pendientes no son por culpa del Gobierno sino de quienes no lo integran.

Por eso sus premeditadas salidas del libreto fueron más importantes que el discurso en sí. Volvió a ser el Milei real (no el que se contuvo e hizo buena letra durante la campaña preelectoral) al enchufarles a sus principales enemigos todo malestar que pueda estar dando vueltas.

A diferencia de la apertura de las sesiones ordinarias, en 2024 y 2025, esta vez el Presidente no necesitó escudarse tras los atributos del mando. Aún empoderado por los resultados de los comicios de octubre pasado, que tanto lo favorecieron (y de los que todavía la oposición no se recupera) y, en particular, por sus cruciales logros legislativos que ha conseguido últimamente mediante una mayoría eventual, sintió que ya no le hacía falta que la banda presidencial celeste y blanca cruzara su pecho.

Menos mal: no ensució los colores patrios con su stand up deslenguado. Meterse con los seguidores de Cristina Kirchner y con los empresarios Rocca y Madanes de la forma que lo hizo fue una manera de demostrar que embiste como un toro y que no se amilana ante nada. Habría que advertirle que en sus constantes arremetidas tenga cuidado porque en algún momento las banderillas pueden entrarle. “El respeto es condición básica del desarrollo”, alertó la UIA tras la deposición oral presidencial.

El miércoles último el presidente uruguayo participó en Buenos Aires de un almuerzo con empresarios argentinos, organizado por el Consejo Interamericano de Comercio y Producción. Yamandú Orsi habló durante 35 minutos para resaltar las bondades que su país brinda a los inversores. “Somos economías hermanas, profundamente conectadas. Más que vecinos, conformamos un espacio productivo y humano”, dijo y remató, muy aplaudido, con que “en el mundo no debe haber nada más parecido que Uruguay y Argentina”.

El canciller, Pablo Quirno, se sintió obligado entonces a explicar la diferencia entre la “vertiginosidad” argentina y el “ritmo lento” uruguayo. “Tenemos que alcanzar la estabilidad que ustedes han conseguido en los últimos 20 años –se justificó ante Orsi el ministro de Relaciones Exteriores– y entonces ahí podríamos ir un poquito más lento”.

Mientras tanto, autito chocador a toda velocidad. Es lo que hay.

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