“La manía de refaccionar casas viejas nos viene de nuestros padres: toda la vida vivimos comprando propiedades antiguas y arreglándolas. Reciclábamos una, la vendíamos y comprábamos dos arruinadas. ¡Todo San Telmo nos recorrimos!”.
Entre risas y recuerdos, Pilar y Dolores nos reciben en su más reciente aventura: recuperar una casona firmada por el ingeniero Huergo en 1891 sobre el pasaje San Lorenzo que convirtieron en el local y café de Rajatabla y, arriba, en la vivienda de una de ellas. Son dos de tres hermanas (la tercera, creadora del restaurante Caseros, en la avenida homónima) que llevan décadas renovando taperas en las callecitas históricas de este barrio porteño. “Vivimos acá desde siempre, ¡y siempre quejándonos de San Telmo, pero sin podernos ir! A los mozos de todos lados los conocemos desde que somos chicas, están las charlas con todos los vecinos... viste cómo es este barrio. Amores que matan”, dicen con humor.
“Cuando llegamos, el piso superior estaba literalmente destrozado: decir que tenía problemas de humedad es poco, ¡entraba agua en cada ambiente! Se hundía por partes, los cielorrasos eran un desastre. Hubo que reconstruir casi todo”. La obra, dirigida por la arquitecta Soledad Bersuker, duró año y medio, durante el cual armaron otro techo de chapa por sobre el original, y levantaron los pisos para reforzar las carpetas.
Por suerte, lograron salvar mucha de la pinotea existente, que complementaron con un lote de demolición conseguido en La Boca. Para el resto de los espacios diseñaron calcáreos en tonos de manteca y morado buscando que no desentonaran con la arquitectura.
“Tengo el plano original de la casa, y la idea fue que estructuralmente no cambiara mucho. Tenía buen clima y una luminosidad poco común en casas antiguas. Venida abajo, sí; pero era linda”, dice Pilar. Las prioridades, bien puestas.

“El ingeniero Huergo era un adelantado. Diseñó este planteo de luz cenital con lucarnas y pisos traslúcidos que iluminan la planta baja. Como estaban tapados con cerámicos, recuperamos la estructura y le volvimos a poner vidrio”, dicen las hermanas sobre uno de los aspectos fundamentales de la reforma, que le dio más luz e interés a la vivienda y benefició enormemente a Rajatabla, abajo.
Para reconstruir cielorrasos y molduras se sumaron numerosos yeseros, pero Pilar quedó tan encantada con los resultados en el dormitorio principal que desistió de pintar, y solamente le aplicaron sellador. “Es una pared viva: van cambiando los dibujos y los tonos. En los días de humedad, el contraste es mucho mayor: a veces parece blanco y, por momentos, vira al beige o al gris".

El cuarto de la hija de Pilar es el gran privilegiado, con acceso directo a la terraza, que se logró después de demoler los viejos ambientes de servicio. Está revestida con los mismos calcáreos a pedido que cubren parte de la cocina, el pasillo y los baños.



