La asunción de José Antonio Kast como nuevo presidente de Chile marca un cambio profundo en el equilibrio político del Cono Sur y abre un escenario de afinidad ideológica con el gobierno de Javier Milei, con quien comparte una agenda centrada “en el orden”, “la seguridad” y un fuerte alineamiento con Estados Unidos.
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El dirigente del Partido Republicano chileno llegó al poder tras imponerse con cerca del 60% de los votos frente a la candidata oficialista Jeannette Jara, en un resultado que muchos analistas interpretan como el giro más marcado hacia la derecha en Chile desde el retorno de la democracia en 1990.
Kast asumió en una solemne ceremonia en la ciudad costera de Valparaíso, a la que acudieron parlamentarios de todos los partidos y una docena de jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo, entre ellos el rey Felipe VI de España y el Milei. “Sí, juro”, dijo el exdiputado ultracatólico, que con 60 años se convierte en el primer presidente de extrema derecha en llegar al poder desde el retorno a la democracia.
En el Salón de Honor del Senado, la nueva presidenta de la Cámara Alta, la conservadora Paulina Nuñez, le impuso la banda presidencial y la medalla de O'Higgins a Kast, que sucede al progresista Gabriel Boric.
El abogado es también el primer mandatario en democracia en respaldar la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), ya que el único conservador que había gobernado hasta ahora era Sebastián Piñera (2010-2014 y 2018-2022), que votó en contra de la continuidad del régimen en el plebiscito de 1989.
Además de Milei y el monarca español, acudieron a la ceremonia los presidentes de Ecuador, Daniel Noboa; Bolivia, Rodrigo Paz; Panamá, José Raúl Mulino; Honduras, Nasry Asfura; Costa Rica, Rodrigo Chaves; Paraguay, Santiago Peña; y Uruguay, Yamandú Orsi.
La sorpresa la dio el mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien suspendió su participación a última hora por problemas de agenda, aunque según la prensa brasileña la cancelación obedeció a la presencia de Flávio Bolsonaro en la ceremonia, considerado su principal rival en las elecciones de octubre e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado.
También asistió la líder de la oposición venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado.
Horas antes, en la residencia oficial de Cerro Castillo, en la vecina Viña del Mar, Kast se hizo una foto oficial con su gabinete, integrado por 24 ministros, en su mayoría sin experiencia política, vinculados al sector privado y a la academia.
Sus ministros fuertes serán el economista ultraliberal Jorge Quiroz (Hacienda), la exfiscal Trinidad Steinert (Seguridad Pública) y el exparlamentario Claudio Alvarado (Interior).
Tras la ceremonia, Kast ofreció un almuerzo a las autoridades extranjeras que acudieron al cambio de mando y, en horas de la tarde, se desplazará a Santiago para realizar su primer acto oficial en una escuela capitalina.
Sobre las 21.00 hora local, Kast entregará su primer discurso como mandatario desde La Moneda, donde dejará clara las prioridades del “Gobierno de emergencia” que ha prometido instalar.
Padre de 9 hijos y antiabortista declarado, el gobernante prometió en campaña que no dará la “batalla cultural” en materia de libertades individuales y derechos sexuales y reproductivos y que se centrará en las principales preocupaciones de los chilenos: seguridad, migración irregular y economía.
Kast, que gobernará con el apoyo de su formación -el Partido Republicano- y la derecha tradicional, tendrá que lidiar con un Parlamento dividido y sin mayorías claras.
La presencia de Milei en ceremonia de asunción no es un gesto protocolar más. Se trata de una señal clara de la convergencia política entre ambos presidentes, que en los últimos meses consolidaron una relación de cercanía en distintos encuentros internacionales.
“Todo va a estar bien. Vamos a tener una muy buena relación”, sintetizó José Antonio Kast luego de visitar a Milei en la Casa Rosada en su primer viaje como presidente electo de Chile el pasado 16 de diciembre. “Qué triunfazo. Felicitaciones, fue glorioso”, había deslizado el presidente argentino ni bien conocidos los resultados de los comicios chilenos.
A su vez, ambos participaron recientemente en una cumbre conservadora en Miami junto al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, en un evento promovido por el mandatario estadounidense Donald Trump, quien elogió públicamente a Kast como un aliado estratégico en América Latina.
Este nuevo vínculo entre Buenos Aires y Santiago podría reconfigurar el mapa político regional. Con Javier Milei en Argentina y José Antonio Kast en Chile, se podría consolidan un eje ideológico que busca posicionarse como contrapeso a los gobiernos de centroizquierda que dominaron gran parte de la última década en la región. En ese esquema, ambos mandatarios promueven una agenda que combina “liberalismo económico” con un enfoque duro en materia de seguridad y control migratorio.
La sintonía entre ambos también se proyecta en el plano internacional. El nuevo gobierno chileno tenderá a alinearse con la Casa Blanca en temas estratégicos, lo que implicaría un giro respecto de la política exterior del presidente saliente Gabriel Boric.
Ese cambio ya comenzó a evidenciarse incluso antes de la asunción, cuando José Antonio Kast decidió dar por terminado el proceso de transición tras un desacuerdo con el gobierno saliente por un proyecto de cable submarino con China, el principal socio comercial de Chile, una iniciativa que había despertado recelos en Washington.
La relación con Milei, en ese contexto, aparece como uno de los pilares del nuevo esquema regional. Ambos líderes comparten críticas a lo que denominan el “estatismo” de los gobiernos progresistas y coinciden en la necesidad de promover reformas económicas profundas. También comparten una narrativa política basada en la confrontación con el establishment político tradicional.
De esta manera, la llegada de José Antonio Kast al poder no solo redefine la política interna chilena, sino que también introduce una nueva dinámica en el tablero latinoamericano. El eje que comienza a delinearse entre Santiago y Buenos Aires podría convertirse en uno de los polos políticos más influyentes de la región en los próximos años, especialmente si logra articular posiciones comunes en materia económica, diplomática y de seguridad.
El desafío para Kast, sin embargo, será trasladar esa afinidad ideológica al terreno de la gobernabilidad. Con un Congreso fragmentado y una sociedad que demanda respuestas rápidas en materia de seguridad y crecimiento económico, los primeros meses de gestión serán determinantes para evaluar si este nuevo bloque político logra consolidarse o si la polarización regional termina imponiendo nuevos límites a su proyecto.
JIB/CRM


