Construir un sistema político comunitario, en donde todos fueran como hermanos, guiados por una vanguardia iluminada, la del proletariado. Es el comunismo. AmbaConstruir un sistema político comunitario, en donde todos fueran como hermanos, guiados por una vanguardia iluminada, la del proletariado. Es el comunismo. Amba

El momento

2026/03/13 17:11
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Estamos viviendo una época complicada, difícil de entender y, por lo tanto, llena de incertidumbre. Abundan explicaciones del por qué, pero quisiera volver a proponer la que he estado utilizando desde hace más de 10 años, que creo que puede ser útil.

Los humanos tenemos una capacidad limitada para entender nuestro entorno, especialmente la parte humana. Aunque podemos imaginar lo que otros piensan, y así es como planeamos nuestras acciones, esa capacidad no es infinita y depende mucho de que las referencias que tenemos sean parecidas. Cuando esas referencias se alteran, dejamos de entender, y eso nos llena de angustia.

Mi hipótesis es que las referencias comunes dependen de la manera en que nos comunicamos. La aparición de la imprenta permitió modificar las referencias de la época previa, centradas en la religión (católica), dando lugar a un periodo de ajuste que duró un siglo y costó la vida a una tercera parte de los europeos. La invención de los periódicos (y los cafés) fue un evento similar, porque permitió tener conocimiento, en tiempo real, de lo que ocurría a través de todo ese continente. Esas referencias más amplias provocaron un nuevo ajuste, que duró varias décadas.

Al inicio del siglo XX tuvimos una nueva tecnología comunicacional: los medios masivos, que concentraron la fuente de información (radio, cine y, después, televisión). Un puñado de personas informaban a millones, y lo hacían ya no solo al interior de Europa. El ajuste, que podemos fechar desde la mitad de la Primera Guerra hasta prácticamente la crisis de los misiles de 1962, poco menos de medio siglo, tuvo también un costo considerable en vidas humanas.

Lo que vivimos hoy es un ajuste similar. La transformación de esos medios masivos en un sistema interactivo (iniciado con Big Brother en 1999) alcanzó su cenit en 2006, con la invención de las redes sociales actuales, y en 2007, con la aparición del teléfono inteligente. La Gran Recesión, ocurrida a fines de 2008, pero sentida en América en 2009 y en Europa en 2011, detona la pérdida de referencias. Ya no hay un solo conductor, un Jacobo Zabludovsky o un Walter Cronkite, que nos resuma la realidad en un puñado de temas ya digeridos. Ahora tenemos miles de emisores, complementados por millones de opinadores, que nos hacen muy difícil distinguir verdades de mentiras. Perdimos las referencias.

Cuando las referencias se pierden, regresamos a lo conocido, que es la tribu. Así se multiplicaron las opciones cristianas en el siglo XVI, se redefinieron las naciones en el XIX y, en el siglo XX, se construyeron dos grandes alternativas al sistema que es responsable de la ciencia, la riqueza y la democracia: el liberalismo. La primera alternativa ofrecía regresar a sistemas políticos regidos por una visión trascendente (religión, raza) encarnada en un hombre fuerte. Es el fascismo. La segunda, construir un sistema político comunitario, en donde todos fueran como hermanos, guiados por una vanguardia iluminada, la del proletariado. Es el comunismo. Ambas alternativas, en la realidad, solo pueden producir pobreza y muerte. El periodo de ajuste al que me referí arriba fue el enfrentamiento entre el liberalismo y las dos alternativas, que fueron afortunadamente derrotadas.

En este siglo XXI, a partir de la conmoción de la Gran Recesión, hemos visto crecer otras dos alternativas, no muy diferentes. La primera ofrece nuevamente el retorno a ese sistema regido por la trascendencia y dirigido por el hombre fuerte. Aunque esto ocurre a través de todo occidente, el caso más evidente es MAGA y Trump. La segunda alternativa ahora funciona alrededor de identidades (de género, raza, orientación sexual, resentimiento histórico). Son herederas del fascismo y el comunismo, respectivamente, y no pueden ofrecer otra cosa que pobreza y muerte.

El proceso de ajuste, que creo que inicia en 2009 pero se acelera con la pandemia de 2020, está entrando en los momentos decisivos en los que el liberalismo, único sistema que permite conocimiento, riqueza y democracia, tendrá que enfrentar las peligrosas alternativas. En las tres ocasiones anteriores, lo hizo con éxito. Confiemos

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