WASHINGTON.– En su tercera semana, la guerra desencadenada en Medio Oriente por el ataque conjunto entre Estados Unidos e Israel contra Irán tuvo una abrupta escalada con frecuentes ataques a la infraestructura energética en toda la región, una cacería selectiva de los líderes del régimen islámico por parte de Tel Aviv –con tres altos rangos asesinados– y un escenario que pone al presidente norteamericano, Donald Trump, frente a decisiones cada vez más complejas.
A continuación, un repaso de los principales frentes abiertos en los últimos días.
Irán y Qatar acusaron el miércoles a Israel de haber atacado un gigantesco yacimiento de gas natural mar adentro que ambos países comparten, lo que disparó los precios del petróleo y del gas natural en lo que supondría una fuerte escalada de los ataques contra infraestructura energética en la guerra en la región.
El Ministerio de Petróleo del régimen islámico informó en redes sociales que ataques aéreos habían dañado varias de sus instalaciones vinculadas al yacimiento de gas offshore South Pars, que representa alrededor del 70 al 75% de la producción de gas natural de Irán, uno de los sitios energéticos más importantes alcanzados desde que empezó la guerra.
Los medios estatales iraníes informaron que instalaciones petroleras y petroquímicas en la ciudad sureña de Asaluyeh, un centro clave para la industria energética del país, también fueron alcanzadas por un ataque aéreo.
Horas más tarde, una empresa energética estatal de Qatar informó que un importante polo energético del país, la Ciudad Industrial de Ras Laffan, había sufrido “daños extensos” por ataques con misiles. Funcionarios qataríes responsabilizaron al régimen islámico por el ataque. QatarEnergy, la empresa estatal, informó que no hubo víctimas en los ataques.
Ese día, los precios internacionales del petróleo cerraron por encima de los 107 dólares por barril, su nivel más alto desde que empezó la guerra el 28 de febrero. Los precios del gas natural son más regionales, pero aumentaron en Europa, Estados Unidos y Asia.
Trump afirmó por la noche que Estados Unidos y Qatar no estuvieron involucrados en lo que describió como un ataque israelí contra el yacimiento de gas, al tiempo que amenazó con destruir ese campo si Teherán persistía en atacar las instalaciones energéticas de Qatar.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Qatar, por su parte, reprendió a Israel por el “peligroso e irresponsable” ataque, y denunció al régimen islámico por lo que calificó de “flagrante violación” del derecho internacional, y expulsó a dos diplomáticos iraníes de alto rango.
Tres funcionarios israelíes afirmaron el jueves a Reuters que el ataque había sido coordinado con Washington, pero dijeron que es probable que no se repita.
La semana pasada, ataques aéreos estadounidenses alcanzaron el viernes objetivos militares en la isla de Kharg, donde se encuentra la principal terminal de exportación de petróleo de Irán. Trump amenazó con bombardear la infraestructura petrolera iraní en la isla si Teherán no permitía el paso de buques a través del estrecho de Ormuz, el angosto acceso al Golfo Pérsico por el que transita una quinta parte del petróleo mundial.
Sin embargo, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán desafió la amenaza de Trump y afirmó en un comunicado el sábado que la vía marítima estratégica estaba bajo su control total y que “cualquier intento de movimiento o tránsito será atacado”.
El jueves, una de las unidades operativas de las refinerías Mina al–Ahmadi y Mina Abdullah, pertenecientes a la Kuwait Petroleum Corporation, fue atacada por drones, lo que provocó incendios en ambas instalaciones, informó la agencia estatal de noticias de Kuwait.
Por otro lado, un petrolero anclado cerca de un puerto en los Emiratos Árabes Unidos fue alcanzado por un proyectil a primera hora del martes, sufriendo daños menores. Durante la semana, las autoridades emiratíes informaron que habían respondido a incidentes en instalaciones de gas y en un yacimiento petrolero causados por restos de misiles interceptados.
El miércoles por la noche y el jueves por la mañana, el Ministerio de Defensa de Arabia Saudita informó sobre decenas de drones entrantes, incluidos múltiples que fueron interceptados sobre Riad, la capital, y uno que, según indicó, impactó la importante refinería de petróleo de Aramco–Exxon, SAMREF, en la costa del mar Rojo del reino.
El ministerio señaló además que un misil balístico dirigido a una terminal clave de exportación de energía en el mar Rojo –el puerto de Yanbu– fue interceptado. El puerto es actualmente la única salida del país para las exportaciones de crudo y funciona como punto final de un oleoducto saudí construido para eludir el estrecho de Ormuz, una vía marítima crucial para los petroleros que ha quedado en gran medida bloqueada por ataques iraníes.
Las autoridades saudíes, por lo general, no han identificado el origen de los ataques contra el reino, lo que deja abierta la posibilidad de que algunos hayan sido llevados a cabo por milicias iraquíes alineadas con Irán u otros actores.
El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, afirmó el lunes que sus fuerzas habían iniciado una “maniobra terrestre” en el sur del Líbano, lo que aumentó los temores de que pueda producirse una invasión más amplia.
Un día después, el Ejército israelí emitió una advertencia de evacuación a gran escala para la ciudad sureña libanesa de Tiro, junto con todos los pueblos circundantes, la primera de este tipo en la zona desde el inicio de la guerra.
La campaña aérea de Tel Aviv en Beirut y sus suburbios, junto con las operaciones terrestres en el sur del país, han desplazado a más de 800.000 personas y han causado más de 1000 muertes, según las autoridades libanesas. Al menos 118 chicos se encuentran entre las víctimas fatales, añadieron.
Los ataques contra la capital, en barrios que antes se consideraban seguros, marcaron una fuerte escalada de la campaña de Israel contra Hezbollah, el grupo terrorista libanés respaldado por Irán.
Del otro lado de la frontera, una bomba de racimo iraní mató a una pareja de ancianos en su departamento cerca de Tel Aviv a primera hora del miércoles, y el centro de Israel volvió a quedar bajo fuego de misiles más tarde durante el día, al igual que en otras jornadas de los últimos días.
El jueves, un ataque con misiles iraní alcanzó el complejo Oil Refineries de Israel, situado en la ciudad portuaria de Haifa, en el norte del país, pero no causó “daños significativos”, informó el Ministerio de Energía local.
Funcionarios israelíes afirmaron que una importante estación ferroviaria y el aeropuerto Ben Gurion, el principal centro internacional del país, fueron alcanzados en recientes ataques con misiles.
Israel aseguró el miércoles haber asesinado al tercer alto funcionario iraní en 48 horas, después de haber matado al principal funcionario de seguridad del régimen islámico, Ali Larijani, y al jefe de la fuerza Basij de la Guardia Revolucionaria paramilitar, Gholamreza Soleimani.
El medio norteamericano The Wall Street Journal reveló en exclusiva esta semana detalles de las estrategias de Tel Aviv para eliminar a la cúpula de la república islámica y, así, erosionar la capacidad de control interno del régimen.
Las listas detalladas de objetivos y los informes de daños de combate revisados por el medio muestran que la ofensiva que empezó en los primeros días de la guerra continúa intensificándose, mientras Israel persigue a las fuerzas de seguridad desde sus cuarteles hasta los puntos de reunión y escondites, en un intento de interrumpir su actividad y convencer a los iraníes de que un levantamiento es posible si los agentes represivos son eliminados.
Hasta ahora, Tel Aviv afirma haber lanzado 10.000 ataques en toda la república islámica, dirigidos a altos funcionarios así como a efectivos de base, incluidos más de 2200 vinculados a la Guardia Revolucionaria, la milicia Basij y otras fuerzas de seguridad interna. Según sus estimaciones, miles han muerto o resultado heridos.
Israel abrió un nuevo frente en la guerra al atacar por primera vez objetivos iraníes en el mar Caspio. La ofensiva aérea golpeó buques, infraestructura y centros de comando en el puerto de Bandar Anzali, en el norte de Irán.
Según el ejército israelí, el operativo fue “sistemático” y logró neutralizar la capacidad naval iraní en la zona. La acción marca una expansión del conflicto hacia un escenario que hasta ahora se mantenía al margen.
El gobierno de Trump está considerando desplegar miles de soldados estadounidenses para reforzar su operación en Medio Oriente, mientras el Ejército norteamericano se prepara para posibles próximos pasos en su campaña contra Irán, según dijeron a Reuters un funcionario estadounidense y tres fuentes al tanto del tema.
Esas opciones incluyen asegurar el paso seguro de los buques petroleros a través del estrecho de Ormuz, una misión que se llevaría a cabo principalmente mediante fuerzas aéreas y navales, según las fuentes. Pero asegurar el estrecho también podría implicar desplegar tropas estadounidenses en la costa de Irán, señalaron cuatro fuentes, incluidos dos funcionarios norteamericanos.
Washington también ha discutido opciones para enviar fuerzas terrestres a la isla de Kharg, según tres personas familiarizadas con el asunto y tres funcionarios estadounidenses.
Cualquier uso de tropas terrestres estadounidenses –incluso para una misión limitada– podría implicar riesgos políticos significativos para Trump, dado el bajo nivel de apoyo entre la opinión pública norteamericana a la campaña contra el régimen islámico y las propias promesas de campaña del republicano de evitar involucrar a Estados Unidos en nuevos conflictos militares.
Funcionarios del gobierno norteamericano también han discutido la posibilidad de desplegar fuerzas estadounidenses para asegurar las reservas de uranio altamente enriquecido de Irán, según una de las personas familiarizadas con el asunto.
Las fuentes no creen que un despliegue de fuerzas terrestres en ningún punto de Irán sea inminente, pero se negaron a discutir detalles específicos de la planificación operativa de Washington. Expertos señalan que la tarea de asegurar las reservas de uranio de Irán sería altamente compleja y riesgosa, incluso para las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses.
La Embajada de Estados Unidos en Bagdad instó el sábado a todos los ciudadanos estadounidenses a abandonar Irak de inmediato, después de que la sede diplomática fuera atacada por segunda vez desde el inicio del conflicto. Kataib Hezbollah, una de varias milicias iraquíes respaldadas por Irán, se atribuyó la autoría del ataque.
Al día siguiente, cinco misiles impactaron el Aeropuerto Internacional de Bagdad e hirieron a cuatro personas, entre ellas personal del aeropuerto y de seguridad, según informaron las autoridades iraquíes el domingo por la noche.
Kataib Hezbollah también se adjudicó el ataque y afirmó que sus cohetes habían alcanzado Camp Victory, una antigua base estadounidense dentro del complejo aeroportuario que aún alberga un centro logístico diplomático.
Por la noche, un cohete impactó en la Zona Verde de Bagdad, un área fuertemente fortificada donde se encuentran oficinas del gobierno iraquí y de otros gobiernos extranjeros.
Nadie resultó herido, según informó el general Yahya Rasool, del Comando Conjunto de Bagdad, que incluye fuerzas estadounidenses e iraquíes. Confirmó que un cohete Katyusha cayó dentro de la zona y señaló que había sido lanzado desde el otro lado del río Tigris.
La Embajada de Estados Unidos indicó que no hubo daños en las instalaciones norteamericanas y que nadie se había atribuido la responsabilidad.
Agencia Reuters y diario The New York Times


